Romance del Conde Olinos
ANÓNIMO

 

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El Romance del Conde Olinos, o Conde Niño, es uno de los más difundidos en la tradición oral. Se conocen más de 75 versiones, entre peninsulares, americanas, judías y combinadas con versiones de otros romances. El romance del Conde Olinos ha pasado de generación en generación durante siglos y llegó a América en la memoria de los colonizadores españoles  dice así :

 

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Tomada de Literatura Universal . Romance del Conde Olinos

 

Madrugaba el Conde Olinos,
mañanita de San Juan,
a dar agua a su caballo
a las orillas del mar.
Mientras el caballo bebe
canta un hermoso cantar:
las aves que iban volando
se paraban a escuchar;
caminante que camina
detiene su caminar;
navegante que navega
la nave vuelve hacia allá.

Desde la torre más alta
la reina le oyó cantar:
-Mira, hija, cómo canta
la sirenita del mar.
-No es la sirenita, madre,
que esa no tiene cantar;
es la voz del conde Olinos,
que por mí penando está.
-Si por tus amores pena
yo le mandaré matar,
que para casar contigo
le falta sangre real.

-¡No le mande matar, madre;
no le mande usted matar,
que si mata al conde Olinos
juntos nos han de enterrar!
-¡Que lo maten a lanzadas
y su cuerpo echen al mar!
Él murió a la media noche;
ella, a los gallos cantar.
A ella, como hija de reyes,
la entierran en el altar,
y a él, como hijo de condes,
unos pasos más atrás.

De ella nace un rosal blanco;
de él, un espinar albar.
Crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar.
La reina, llena de envidia,
ambos los mandó cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar.
De ella naciera una garza;
de él, un fuerte gavilán.
Juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan para a par.

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VER Y ESCUCHAR

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La mañana de San Juan – Diego Pisador – Musica Ficta – Ensemble Fontegara

El romance del Conde Niño o del Conde Olinos se remonta al siglo XV, según consta en un manuscrito aparecido a finales de este siglo, atribuido a Juan Rodríguez de Padrón y conservado en el Museo Británico

 

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El romance del Conde Niño o del Conde Olinos se remonta al siglo XV, según consta en un manuscrito aparecido a finales de este siglo, atribuido a Juan Rodríguez de Padrón ( 1390 -1450 .   Juan Rodríguez del Padrón o de la Cámara, escritor español del Prerrenacimiento )  y conservado en el Museo Británico .

 

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RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL

Según Menéndez Pidal, este romance llegó a contaminar el desenlace del Conde Arnaldos, según aparece en la versión manuscrita del Cancionero de Londres, que así le da a éste «una continuación embrollada y absurda», indigna de un texto que don Ramón no duda en calificar de obra maestra.

Los dos romances cuentan con un arranque parecido, con esa alusión a la mágica «mañana de San Juan»: «Quien hubiese tal ventura / sobre las aguas del mar, / como hubo el Conde Arnaldos / la mañana de San Juan». El del Conde Niño reza así: «Madrugaba el conde Olinos, / mañanita de San Juan, / a dar agua a su caballo / a la orilla de la mar».

Sin embargo, el romance de Arnaldos es fácilmente identificable gracias a un dístico que ha alcanzado en nuestra literatura una gran notoriedad, como se desprende de su alta valoración en antologías y hasta en nuestro refranero: «Yo no digo mi cantar / sino a quien conmigo va». Así aparece en el Cancionero de Amberes (1550), lo que le hace decir a Menéndez Pidal que el romance de Arnaldos es más antiguo que el Conde Niño: «Se ve que el romance de Arnaldos ya era muy viejo en la primera mitad del siglo XVI y nadie se acordaba bien de su final».

De todas formas sería injusto valorar así los indiscutibles méritos literarios que encierra el romance del Conde Niño, que es mucho más que una simple contaminación de Arnaldos, sobre todo estimando ese poder mágico del canto que entona el protagonista para seducir a su amada y las fantásticas transformaciones que sufren los amantes después de la muerte. En efecto: en unas variantes, la infantina se convierte en paloma y el conde en gavilán; y en otras, en iglesia y en un rico altar, respectivamente. O como en una versión cubana en la que ella acaba volviéndose hiedra y él se convierte en una pared o muro por donde trepa la planta.

Con tales elementos mágicos, el romance ha contado con una enorme proyección en la Península (hay versiones en español, portugués y catalán), en Canarias, América y entre los sefardíes de Marruecos y Oriente, como iremos viendo.

Es cierto que, como señala Andrés Amorós, en este romance «otra vez escuchamos una canción maravillosa». Sin embargo nunca sabremos en qué consistía, qué imágenes desarrollaba o bien dónde radicaba su eficacia amorosa, aunque los versos del romance no se cansen de especificar cuáles eran los efectos inmediatos que provocaba tan mágico canto: «Mientras el caballo bebe, / él echa un rico cantar; / las aves que van volando / se paraban a escuchar; / los peces que hay en el agua / a borbollitos están».

En otras versiones, como la piamontesa que recopiló Nigra, se dice: «Los marineros que navegan / dejan de navegar; / los segadores que siegan / dejan de segar». Y en la que recogió María del Carmen Victori, según Maximiano Trapero (no da como segura la ascendencia cubana de esta variante), los asombros que produce el canto parecen conectar con alguna reminiscencia machadiana: «Mientras el caballo bebe, / canta un dulce cantar, / todas las aves del cielo / se paraban a escuchar; / caminante que camina / olvida su caminar; / navegante que navega / la nave vuelve hacia atrás».

Añade Menéndez Pidal que el romance del Conde Niño fue recogido durante el siglo XVI sólo en su contaminación con Arnaldos, como así consta en el Cancionero de Londres, lo que demuestra que ya existía con anterioridad. En otra versión moderna de Cinco Villas, se halla el verso «Los que van por los caminos / volverán pasos atrás», luego alterado en algunas variantes de los judíos asentados en Marruecos tras su expulsión de la Península, en el romance de Andrés Ortiz y en la canción piamontesa ya citada de Nigra.

Para respaldar esta hipótesis, Menéndez Pidal nos dice que el romance de Andrés Ortiz era conocido mucho antes de la publicación del Cancionero de Amberes, pues en el año 1524 lo compró el hijo de Cristóbal Colón en la feria de Medina del Campo; y que, a comienzos del siglo XVI, debieron existir otros romances populares que abordaron este tema del «poder mágico del canto» o «El amor más poderoso que la muerte», que también tendría su reflejo en la obra de Quevedo. ELFIDIO ALONSO

http://www.7calderosmagicos.com.ar/Druida/Poesias/condeolinos.htm ROMANCE DEL CONDE OLINOS

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